Las velas son uno de esos objetos que nos pierden con facilidad, un placer culpable recurrente y compartido. Hemos visto de todo y casi nada nos sorprende ya, pero Lento* consigue algo poco habitual: volverlas apetecibles de verdad. El proyecto nació hace menos de un año y gira en torno a una idea muy clara: producir velas artesanales, una a una, por encargo, sin prisas ni producción en masa. Cada pieza es distinta en forma, textura y color, y ahí está gran parte de su encanto. No hay dos iguales y no pretende haberlas. Son velas con presencia, con intención y con una identidad visual muy reconocible. Vamos, únicas en todos los sentidos. Ese es el resultado que solo se consigue cuando se respeta el tiempo que conlleva el proceso (aunque sea lento).
Su colección de velas en forma de frutas son simplemente fascinantes, de aguacates a manzanas y hasta frambuesas que decoran tartas. Que llegues al final del artículo sin fichar ninguna va a ser casi imposible. Hay color, hay un punto mediterráneo muy bien entendido y un equilibrio entre vivacidad y buen gusto que funciona y nos encanta. Elevan una mesa, una estantería o un centro y le aportan un toque de personalidad inconfundible. Nos recuerdan a esa idea del bodegón, ese imaginario de frutas decorativas que todos hemos visto alguna vez, a veces kitsch (a veces directamente hortera, todo sea dicho) y lo reinterpretan desde un lugar honesto, actual y bien afinado. Aquí todo tiene sentido: la forma, el color y el material.


Detrás del proyecto hay una manera muy consciente de producir, local y manual. Cera de abeja, sin parafinas ni químicos añadidos.
Nuestra top choice son los tomates: quedan espectaculares, aportan calidez y diseño a partes iguales y son realmente preciosos. Los limones también son una pasada, pero la mazorca es probablemente la más inesperada y nos flipa por su originalidad. Vale, no nos decidimos. Pero es que elegir solo una es muy complicado. Ver su feed es pura inspiración: combinaciones de frutas, composiciones que dan ganas de replicar con la certeza de que cualquiera de estas velas puede convertirse en ese objeto que define un rincón y hacer que ese espacio diga algo más de quien lo habita.

