Amantes del café, hablemos claro: no todo es la cafeína. A veces, lo que más nos engancha es el propio gesto. El objeto. La liturgia. La Gemini Express nació en Milán en 1968 con una premisa muy poco romántica y extremadamente elegante: hacer una sola cosa y hacerla bien, impecable. Servir el espresso directamente en la taza, manteniendo intactos aroma y temperatura desde el fuego hasta el primer sorbo. Sin trasvases. Sin pérdidas. En el team la vemos clarísima para el coffee corner de la ofi (guiño, guiño), pero su presencia eleva toda cocina que entienda que el diseño también forma parte del desayuno. Y encaja en cualquier espacio, porque la practicidad también está servida.
Su rasgo más reconocible, la doble salida frontal, no responde a un capricho formal, sino a una decisión estructural que convierte el café en un pequeño ritual compartido. Fabricada en aluminio, compatible con fuego de gas y placas eléctricas (y con versión para inducción), la Gemini se mueve en esa frontera deliciosa entre utensilio funcional y pieza de diseño con alma industrial. Volúmenes claros, proporciones contenidas, material honesto y cero ornamento: puro lenguaje modernista italiano.


Tu encimera merece un icono
Hoy nos parece una joya de culto con aire retro y lo que más nos gusta es que nunca pretendió serlo. La Gemini fue un objeto radicalmente contemporáneo en su momento y su magnetismo actual nace, precisamente, de no haber cambiado nada. Colores rotundos como el rojo vibrante, un verde potente o hasta un amarillo estridente, que funcionan como acento gráfico y la convierten casi en una pequeña escultura sobre la encimera. Atemporal pero con carácter, compacta y eficiente sin perder ni un ápice de estilo. Una cafetera que no solo prepara un gran espresso (que no es poca cosa), sino que le da al ritual cafetero ese punto cool que no sabías que necesitabas.

