Tras su paso por grandes ciudades, el OFFF Barcelona aterriza esta semana en la ciudad condal para convertirla en la meca indiscutible de la imagen y el arte durante los próximos tres días. Es esa fecha marcada en rojo en el calendario para cualquiera que tenga una cita pendiente con el diseño, trayéndonos un soplo de aire fresco gracias a las miradas que más despuntan y que configuran el presente y futuro del sector desde ángulos muy diferentes.
Para los amantes de lo visual y de la imagen, estos días en el Disseny Hub (del 16 al 18 de abril) suponen un baño de inspiración y aprendizaje imperdible. En su vigesimosexta edición, el festival se consolida como el punto de encuentro donde los talentos más innovadores del planeta comparten sus procesos creativos en primera persona, invitándonos a descubrir hacia dónde se dirige el diseño contemporáneo en un entorno que vibra con cada charla. Pilla tus entradas aquí.

Nombres de culto que dan forma a nuestro mundo
El cartel de este año es una auténtica declaración de intenciones con ponentes confirmados que son pura inspiración. Hablamos de figuras que definen lo que consumimos a diario, como Björn Kusoffsky, el cerebro tras la identidad de gigantes como Spotify o los Premios Nobel, o Seth Epstein, pionero de los motion graphics para Apple y Nike. Pero el OFFF también es el lugar para descubrir a los responsables de la estética de nuestros iconos pop: desde los visuales inmersivos de Silent Partners Studio para Taylor Swift, hasta la dirección creativa de Valtteri para Kendrick Lamar y Travis Scott. Mención aparte merece la presencia de Noah Dillon, autor de la icónica portada de Lux de Rosalía; un guiño perfecto ahora que la artista también está en la ciudad esta semana. Incluso los maestros del arte digital japonés, teamLab, aterrizarán para demostrar por qué sus instalaciones son experiencias de otro planeta.
Este año, el festival se funde con la ciudad de una forma especial para celebrar que Barcelona es la Capital Mundial de la Arquitectura 2026 por la UNESCO. Estudios de la talla de Foster+Partners tomarán la palabra en una edición que amplía sus horizontes hacia el espacio físico. Sin embargo, la magia real sucederá cuando caiga el sol y el proyecto The Screen ilumine la fachada del Disseny Hub con una exhibición gratuita de mapping abierta a todo el público. Ver los esperadísimos Main Titles de esta edición, diseñados por el influyente PJ Richardson, proyectados a gran escala sobre el edificio, es uno de esos momentos de impacto visual puro que consiguen resetear nuestra percepción del entorno actual.

Entre el espectacular line-up de esta edición del OFFF, hay un nombre que brilla con luz propia (y nunca mejor dicho): Johanna Jaskowska. Pionera absoluta de los filtros de realidad aumentada en redes sociales, saltó a la fama mundial por crear el icónico y viral Beauty3000 (venga, confiésalo, seguro que tú también lo has utilizado alguna vez para sacarte un selfie). Pero Johanna es muchísimo más que esa genialidad: su trabajo navega entre el arte, la moda y la tecnología, explorando constantemente nuevos límites visuales. Actualmente, además, es cofundadora del interesantísimo estudio creativo PATIO, con sede en Madrid. Hemos tenido el placer de charlar con ella antes de su paso por el festival para adentrarnos en su universo, y esto es todo lo que nos ha contado.
Antes de convertirte en artista, ¿qué papel jugaron internet y la tecnología en tu forma de descubrir el mundo?
Crecí a principios de los 2000, cuando internet era muy experimental y, en cierto modo, libre de una forma que no ha vuelto a ser desde entonces. Tuve mi primer ordenador a los ocho años, y me encantaba la PlayStation, el anime, los dramas coreanos… Estaban las primeras plataformas sociales y salas de chat, páginas web feas sostenidas por GIFs brillantes y diseños rotos. Nada estaba pulido, y había algo muy vivo en ello. No tenía dinero para juegos o software, así que aprendí a apañármelas. Hackeando juegos de PlayStation, cazando números de serie para hacer funcionar Photoshop, descargando todo por torrents; suena un poco chapucero. Pero lo que realmente me enseñó fue a buscarme la vida y a ser resolutiva sin esperar permiso. A querer algo y, simplemente, averiguar cómo conseguirlo. Lo que no sabía en ese momento era que existía toda una cultura detrás: gente pirateando software, compartiendo archivos y conocimientos en foros, haciendo ingeniería inversa con todo solo para ver cómo funcionaba. Un rechazo colectivo a aceptar que el acceso era algo que tenías que comprar. Aquel internet primitivo fue mi primer patio de recreo: desordenado, inacabado, lleno de posibilidades. Creo que ahí es donde empezó mi relación experimental con el mundo, no a partir de reglas o de una formación formal, sino del puro deambular y jugar.
Tu trabajo se mueve entre el arte, la moda, la creación de imágenes y la tecnología. ¿Cómo le explicarías esa sinergia hoy a alguien que descubre tu universo por primera vez?
Mi trabajo no pertenece a un solo medio ni a un solo mundo. Conecto los puntos entre cosas que se supone que no deben ir juntas: tecnología, belleza, diseño especulativo, códigos de moda. Lo que siempre persigo es una tensión específica: la belleza y lo extraño al mismo tiempo. Algo tratado de forma tan realista que parece posible, pero no lo es; un objeto especulativo que podría existir, pero no existe. Esa sensación de «esto tiene sentido» sobre algo que en realidad no podrías explicar. Siempre me he resistido a que me encasillen en una sola cosa, no por terquedad (o tal vez un poco), sino porque la mente humana es mucho más compleja de lo que cualquier categoría o título puede abarcar. Y curiosamente, me resulta más aliviador cuando alguien más me explica mi trabajo que cuando tengo que hacerlo yo misma.
Llevas años trabajando con lenguajes digitales desde un lugar profundamente conectado con el arte y la sensibilidad visual. En este momento, en el que la tecnología evoluciona tan rápido, ¿compartes también parte de la creciente preocupación sobre cómo se están redefiniendo la autoría, la creatividad o incluso lo que entendemos como humanístico?
Sinceramente, no me preocupa demasiado, y no estoy segura de si es porque soy una persona genuinamente optimista, o si simplemente elijo no centrarme en ello. Tal vez ambas cosas. Lo que sí sé es que con todas las herramientas disponibles hoy en día, se abren muchas más puertas. Cosas que eran imposibles de hacer hace unos años ahora están a nuestro alcance, y eso me emociona mucho. Sin embargo, si tengo una preocupación, es sobre el ruido. Cuando se abren más puertas, más gente pasa por ellas, y no todos se toman su tiempo para producir un trabajo de calidad. Las cosas chapuceras, fáciles y olvidables se están multiplicando, y resulta molesto. Pero también creo que siempre se nota; puedes sentir cuando algo proviene de un lugar real de autoría, independientemente de las herramientas que se hayan utilizado. El oficio sigue ahí, la intención sigue ahí; la IA no cambia eso. Así que sí, creo que lo que tenemos que aprender es a discernir. A protegernos del ruido y mantenernos cerca de las personas que realmente están creando desde un lugar auténtico.
Cuando empezaron a llegarte colaboraciones con grandes nombres y marcas, ¿cómo viviste ese cambio? ¿Qué debe tener una propuesta para que conectes de verdad con ella y sientas que puedes hacerla tuya?
La primera vez me sentí completamente abrumada; no sabía qué hacer con aquello. Me daba mucha ansiedad solo con responder a correos de trabajo, y mucho más negociar dinero o condiciones creativas. Lo que realmente me ayudó fue tener a las personas adecuadas a mi alrededor, personas que me apoyaran y me guiaran en el proceso. Aprendí paso a paso. Y honestamente, los primeros proyectos fueron un poco malos; me estaba esforzando demasiado, y forzar las cosas nunca funciona. En algún momento aprendí a soltar, y después de eso todo se sintió mucho menos pesado. También venía de la publicidad, así que ya sabía cómo ser creativa dentro del marco de una marca, cómo servir a un mensaje y a la vez hacer algo que valiera la pena crear. Ese bagaje me ayudó, pero cada colaboración es diferente; algunas te dan verdadera libertad y las cosas simplemente fluyen. Otras son más restrictivas, y a veces simplemente es un mal proyecto, que también pasa. Hay que ganarse la vida. Lo que necesita un proyecto para que realmente conecte con él es espacio; margen para poder hacerlo mío. Cuando lo hay, se nota enseguida, y cuando no, también se nota.
Con proyectos como PATIO, da la sensación de que tu trabajo está evolucionando hacia nuevos territorios. ¿Hacia dónde te gustaría llevarlo a partir de ahora?
PATIO empezó como un espacio físico, luego se convirtió en un coworking y, de forma natural, creció hasta convertirse en un estudio creativo. Pero lo que realmente es, es un colectivo híbrido; a veces compartimos clientes y construimos proyectos juntos, y otras veces cada uno trabaja en su propia práctica individual. No hay una estructura rígida, simplemente se adapta a lo que tiene sentido en cada momento. Gran parte de esto surgió de algo muy humano: después de la COVID, tras todo aquel aislamiento, hubo un fuerte impulso por volver a estar cerca de otras personas creativas. Y cuando haces eso, absorbes cosas sin esfuerzo; otras perspectivas, otros instintos, otras formas de ver. Le añade a tu trabajo una dimensión que simplemente no puedes conseguir estando sola. En cuanto a hacia dónde quiero llevarlo, sinceramente, no lo sé, ni tampoco busco una dirección concreta. No soy el tipo de persona que hace planes a cinco años vista; soy impulsiva, me guío por el instinto. La mayoría de las cosas más grandes que he hecho han surgido por seguir una intuición sin saber a dónde me llevaría, y me ha llevado a lugares que jamás podría haber planeado. Así que solo quiero seguir haciendo eso, porque parece que funciona. Cuando te fuerzas demasiado en una dirección, se crea fricción y te cierras puertas que quizá estaban destinadas a ti. Mantenerme abierta, crear desde un lugar de curiosidad… para mí, esa es una forma mucho mejor de moverme a través de todo esto.
Ya has formado parte de OFFF anteriormente. ¿Qué tipo de intercambio o energía encuentras en un festival como OFFF que tal vez no aparece en otros contextos?
Me encanta hablar en festivales por un par de razones; cada vez que preparo una charla, paso por un profundo proceso de echar la vista atrás. Tomo perspectiva sobre dónde está mi trabajo, qué he hecho en los últimos meses, y a menudo me sorprendo a mí misma. De ahí surge una especie de claridad sobre mi práctica, mis dificultades, cómo respondí a ellas. Y creo que eso es, en realidad, lo que encuentro más significativo de todo esto. En la mayoría de los festivales, la gente va a mostrar sus mejores proyectos, lo cual es genial. Pero yo siempre me he sentido más atraída por hablar desde un lugar muy humano: el duelo, las crisis de identidad, las dudas. Las cosas por las que todos pasamos pero que rara vez decimos en voz alta sobre un escenario. La respuesta que obtengo del público suele girar exactamente en torno a eso; no sobre los proyectos en sí, sino sobre las cosas humanas que hay debajo. Gente que conecta con algo que dije sobre la confusión o sobre cómo me abrí camino a través de algo difícil. Eso es lo que hace que valga la pena para mí, saber que lo que atravieso a nivel personal también resuena en otros creativos.
Tenemos muchas ganas de ver tu trabajo en OFFF. ¿Puedes adelantarnos un poco de lo que podemos esperar de ti allí?
Mi charla se llama «For the Love of the Game» («Por amor al juego») y es una especie de oda al juego, a la experimentación, a la alegría que vive detrás del impulso de crear. Pero también es muy personal; cojo mi trabajo y lo pongo en el contexto de la persona que hay detrás. Mi bagaje, cómo crecí, las etapas del duelo, las crisis de identidad, los momentos en los que tuve que reconstruirme por completo tras un colapso. Desde ese lugar, empiezas a entender toda la gama de proyectos e intereses, por qué tienen el aspecto que tienen, por qué existen en primer lugar. Hablo desde un lugar muy crudo, y lo que espero que la gente se lleve no es solo el trabajo, sino el porqué hay detrás de él. El amor por el juego, no la mera ejecución del mismo.
La comunidad como claim y un fin de fiesta icónico
Bajo el lema “What We Make It”, la campaña visual de este año, creada por el prestigioso Uncommon Creative Studio, nos recuerda que la industria es lo que nosotros hagamos de ella a través de la colaboración. El OFFF es una invitación abierta a participar y a sentirse parte de una comunidad viva. Porque la inspiración también se encuentra en lo compartido, no te puedes perder la afterparty oficial el sábado 18 de abril en la mítica sala La Paloma (entradas aquí). Es el cierre perfecto para tres días de inmersión total: música, diseño y ese vibe barcelonés que hace que este festival sea, sencillamente, el plan cultural imperdible de la temporada.