Hay algo muy barcelonés en quedar en el Fòrum para darse un baño de música cuando empieza a apretar el calor. El 7 y 8 de agosto ese punto icónico frente al mar vuelve a transformarse en territorio Brunch Electronik. Y no, no en el plan de macrofestival saturado, sino en ese formato que la ciudad ya ha hecho suyo: electrónica al aire libre, colegas repartidos entre escenarios, idas y venidas constantes y esa sensación de que no hace falta irse muy lejos para vivir algo que normalmente asociarías a otra capital europea.


Un cartel que no necesita subrayado
Lo interesante de esta edición no es solo quién toca, que también, sino cómo encajan los nombres y forman una propuesta muy afinada de principio a fin, una experiencia completa y cuidada al detalle muy bien resuelta. Kaytranada aportando esa mezcla tan suya entre house y R&B; Jeff Mills recordando que el techno tiene su historia (y vaya homenaje); Cassius (Live) prometiendo uno de esos momentos que luego se comentan y se sitúan como favoritos; Luciano jugando en casa; y una línea paralela donde conviven escena local y nuevas figuras del clubbing europeo. No es un cartel para presumir en stories. Es uno para quedarse horas.
Hace unos días la organización presentó el line-up definitivo en un evento junto a Jordi Roca donde los nombres aparecían escondidos en postres que había que descubrir. Más que anécdota foodie, fue una pista sobre cómo entienden lo que hacen. En Brunch la experiencia no empieza cuando suena el primer bombo, empieza mucho antes y eso se percibe en cada momento del durante. Hay una voluntad clara de convertir cada edición en algo que tenga relato, estética y cierta intención cultural.

Una cita con la música que electrónica que ya no necesita etiqueta
Brunch lleva tiempo dejando de ser “ese festival de electrónica que está bien” para convertirse en una cita fija del calendario. Un dato que nos flipa: más de 70.000 personas en las últimas ediciones y, lo más interesante, una mayoría aplastante de público local. Sí, una anomalía en los tiempos corren, donde parece que nada está realmente pensado para quienes habitamos la ciudad. Eso significa algo: que no es turismo de festival, es comunidad y sentirte identificadx con una propuesta que vibra a tu ritmo. Que la gente va porque le gusta y repite porque funciona. Electrónica bien seleccionada, formato ideal y Barcelona como protagonista. No hace falta más. Entradas aquí.