Hay algo especial en los restaurantes que nacen donde ya había historia. Es como si las paredes supieran lo que significa una sobremesa o de un plato bien servido. Y este es precisamente el caso que nos ocupa en el barrio de Tres Torres, donde acaba de abrir el necesario Casa Telmo, el nuevo proyecto del Grupo San Telmo, un imprescindible en una zona donde a día de hoy los restaurantes democráticos son aún una rara avis, no solo con la propuesta gastronómica, sino también el precio imbatible que ofrece este nuevo espacio. El restaurante es el proyecto más personal de Isidro Marqués, alma máter del grupo, que por fin aterriza en el barrio que ha considerado como suyo desde el día en el que nació. El local abrió hace ya décadas como casa de comidas con el mítico Cerchas, abierto por la socialité de la época Manolo Grandes, para más tarde convertirse en Acontraluz, perteneciente también de la familia de Marqués. Hay memoria. Y ahora hay nueva etapa.

Casa Telmo se define como una “casa de comidas”, con ese punto característico de las mismas que hace que quieras volver día sí y día también. Comfort food elevado, producto de temporada y una obsesión bastante seria por la materia prima: carnes 100% ecológicas de origen catalán, pescado fresco de la lonja de Barcelona y proveedores que no necesitan presentación, como Joselito, Maison Carpinelli o las anchoas Xillu. Aquí no hay atajos.
La carta mezcla ADN de grupo con novedades pensadas para este espacio
La carta mezcla ADN de grupo con novedades pensadas para este espacio. Conviven clásicos como la croqueta de pollo rustido, los macarrones a la Cardenal con carrillera ibérica o las albóndigas Strogonoff con platos que ya huelen a hit de la casa: los puerros confitados con stracciatella y botarga, la ensaladilla rusa con gamba o la viciosa gamba de cristal crujiente, que pide vermut y segunda ronda.

Las tortillas abiertas merecen capítulo propio —ceps con panceta Joselito, gamba roja con ajos tiernos— y las cazuelitas apelan directamente a la memoria: guisos de cuchara pensados para compartir y mojar pan sin culpa. Luego la cosa sube de intensidad con los dados de solomillo sobre parmentier y chalotas glaseadas o el entrecot al Café París, que introduce ese guiño bistró que equilibra tradición y sofisticación.
El postre vuelve a la infancia: helado de nata con chocolate fundido 70% y frutos secos garrapiñados, flan cremoso casero (el hit de la casa según Good2b) o tarta de queso Idiazábal ahumado. Clásicos bien hechos, sin fuegos artificiales pero con mucho sabor. La carta de vinos es amplia y accesible, con muchas D.O. locales y opciones para que el ticket medio (35€-40€) no asuste.

Mención aparte merece el Menú de Mantel —sí, mantel blanco de verdad—, disponible de lunes a viernes por 24,5€. Un guiño directo a esa idea de comida casera, honesta y sin postureo.
El espacio acompaña: es una antigua nave reconvertida en restaurante luminoso y sobrio, al cual se entra a través de un patio con buganvilias y un privado, La Pecera, para hasta 45 personas. Además, la cocina es ininterrumpida de 13:00h a 22:45h, ideal para esos planes que empiezan con aperitivo y acaban cuando cae la noche.
Casa Telmo no quiere reinventar nada. Quiere algo más difícil: convertirse en ese sitio al que vas un martes cualquiera y que, sin darte cuenta, termina formando parte de tu rutina. Y eso, en un barrio como Tres Torres, es decir mucho.