Llevamos meses (quizá demasiado) absolutamente inmersos en la fiebre de los charms. Han colonizado bolsos, cinturones y feeds hasta el punto de que ya cuesta distinguir unos de otros entre los más recurrentes . Y oye, no tenemos nada en contra de un Miffy o un Jellycat (que sí, que son muy minos), pero puede que ya nos hayan saturado un poquito. Así que esta vez queríamos mirar hacia otro lado. Hemos preferido esperar y elaborar, con un poco de distancia, una pequeña recopilación de charms que se salen de lo más trillado: piezas que nos han llamado la atención en medio de la vorágine precisamente porque tienen algo especial, porque funcionan como un gesto de moda con intención y porque entienden este accesorio desde prismas y estilos muy distintos.
Los everyday basics de Anya Hindmarch
Si hay una marca que ha sabido convertir el charm en un objeto de deseo con personalidad propia, esa es Anya Hindmarch. Han logrado convertirse en objeto de deseo indiscutible en este territorio de los accesorios. Sus diseños, elaborados en cuero con un nivel de detalle y calidad superior, reproducen objetos cotidianos que van desde snacks y medicamentos hasta iconos pop con un guiño irónico muy británico. Lejos de lo decorativo sin más, los charms de la firma funcionan como pequeñas piezas de diseño que aportan humor, nostalgia y un punto inesperado a cualquier look. Nos encantan porque consiguen rebajar la solemnidad de un bolso aportando una pátina de irreverencia que los resignifica y llena de personalidad. Es esa mezcla de lujo artesanal y espíritu playful lo que ha convertido a Anya Hindmarch en una referencia cuando se habla de charms que van mucho más allá de lo típico y no son meros juguetes.


Los charms arty de Charlie Smits
No tenemos nada en contra de los juguetes, pero ya nos hemos saturado de los de siempre. No todo tiene que ser Labubus o Sonny Angels. En el caso de Charlie Smits, los charms son personajes. Figuras que parecen sacadas de una serie de dibujos animados muy guay que nunca existió, pero que nos habría obsesionado. Tienen nombre, carácter y una presencia muy clara, y no se quedan solo en el bolso: esos mismos personajes se pueden llevar puestos en forma de camiseta o aparecen como pegatinas, ampliando el juego. Todo forma parte de un universo propio que Smits ha ido construyendo a través de la ilustración, con un código personal reconocible al instante, donde el color, la psicodelia y una sensibilidad muy conectada con la moda conviven de forma natural. Y si había alguna duda, la disipó con los charms que creó para el festival Riverland: una edición limitada, coleccionable, con personajes que eran puro juguete, pensados como retratos del público del festival filtrados por su estilo. Más que accesorios sueltos, son fragmentos de un imaginario que se puede coleccionar, llevar y vivir.


Ay Qué Chulo, el lado más divertido y extra del charm
Ay Qué Chulo construye su universo a partir del color, el brillo y una idea muy clara de diversión bien entendida. Cadenas plateadas oversize, colgantes de corazones inflados, estrellas y flores en tonos imposibles componen un imaginario que remite directamente a esas joyas de plástico de la infancia que todo el mundo ha tenido alguna vez: exageradas, brillantes y sin miedo a mezclarlo todo. Esa estética atraviesa no solo sus collares, que en su feed vemos transformarse en charms para el bolso, sino también sus propios bolsos, que incorporan colgantes con el ADN más reconocible de la marca. El resultado es un equilibrio muy suyo entre la nostalgia más playful y styling contemporáneo. Y cuando esa lógica se lleva al límite, pasan cosas como el cinturón custom repleto de charms que creó para la mismísima Zara Larsson: puro exceso, pensado para el escenario, donde el accesorio se convierte en espectáculo. Ay Qué Chulo recupera ese espíritu naïf y lo aterriza en la moda con criterio, personalidad y ganas de jugar.

