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Carla Lamiel

Traemos buenas noticias, y es que un ensayo clínico ha demostrado el potencial como tratamiento para la ansiedad del LSD. Sí, como lo oyes. La ansiedad es uno de los problemas de salud mental más comunes en todo el mundo, y los equipos de investigación farmacéutica están en constante búsqueda de nuevas opciones y terapias para tratarla. F: Ilustración de Polly Nor © Polly Nor.

Un ensayo clínico ha conseguido resultados alentadores que podrían inspirar avances en el tratamiento de la ansiedad

Recientemente la compañía farmacéutica MindMed ha publicado los resultados de su ensayo clínico donde se evaluó el efecto del MM-120, un derivado del LSD de menor intensidad y duración, en los síntomas del trastorno de ansiedad generalizada (TAG). No es ninguna novedad que desde hace ya unos años se consideran los efectos farmacológicos de sustancias psicodélicas como el LSD en busca de alternativas efectivas para desórdenes mentales.

El estudio en cuestión se llevó a cabo sobre 198 pacientes diagnosticados con ansiedad, que se dividieron en cinco grupos y recibieron diversas dosis de esta sustancia o placebo sin terapias adicionales. La respuesta fue sorprendentemente positiva, con un porcentaje del 78% de personas beneficiadas que experimentaron una reducción significativa y duradera de los síntomas. El equipo de investigación pudo demostrar así su efectividad y también que el MM-120 ofrece mejoras frente al placebo.

Estos resultados, aunque prometedores, no son definitivos, ya que el tratamiento debe completar un proceso de validación para garantizar su efectividad y aplicabilidad con pruebas en el mundo real que se realizarán en los próximos meses antes de que el fármaco pueda ser aprobado. Aún así, esto ya representa un gran paso adelante, y podría significar un futuro cambio de paradigma al ofrecer un tratamiento alternativo a los pacientes que sufren el TAG.

Se espera también que al tratarse de un derivado más suave del LSD, tenga una buena recepción entre los pacientes, profesionales y autoridades reguladoras. Eso sí, siempre administrado de modo controlado y en un contexto médicamente supervisado.