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Calvero, la simplicidad de la alta cocina

Calvero, la simplicidad de la alta cocina

Si hay algo que, con el paso del tiempo y el haber probado de aquí y de allá, se aprende es que no hay restaurante donde encontremos al chef Juanjo López que no merezca la pena. Si no, solo hace falta echar un ojo a la carta de Calvero y dejarse agasajar por un producto de primera, mimado por las mejores manos de Madrid. 

Aún recordamos esos guisantes lágrima que hacían llorar (de lo buenos que estaban) en La Tasquita de Enfrente, en las traseras de Gran Vía, que aún sigue despertando más de un suspiro. Ahora, con Calvero, el suspiro se torna aplaudo y no es por menos, sino por una propuesta únicamente de cenas, pero donde el producto y la temporalidad se vuelven a priorizar. 

El chef Juanjo López se encarga un servicio únicamente de cenas en este restaurante situado en el interior del Casino de Colón

Una cocina honesta como el propio López, que no se anda con tonterías porque lo suyo es marcar una identidad propia mientras toma su inspiración en la calma de un claro en medio del bosque, de ahí su nombre. 

Un restaurante que nos sirve de pausa entre tanto frenetismo para reconectar con las emociones que nos despiertan los sabores de la tradición y de una carta totalmente comprometida con la autenticidad. 

Así, Calvero sabe triunfar entre gildas dobles hechas con anchoas de Doña Tomasa, ensaladilla rusa con gamba de Huelva, ensalada de escarola con naranja y escabeche de pescado de temporada, tostas de gambas al ajillo, oreja con salsa brava, tortilla de bacalao o tortilla francesa con manitas de cordero, huevos mimosa rellenos de ventresca, callos de Juanjo López y ventresca de atún rojo con cebolla asada o su brillante steak tartar (campeón de Madrid Fusión 2025) para rematar la faena. ¿De postre? Pues un chocolate con picatostes, porque hay cosas que jamás se deben tocar. Disfrutar es poco.