Pocas cosas hay más apetecibles que uno de esos planes predilectos de domingo: comer un poco más tarde de lo habitual, rodearte de la mejor compañía y dejar que la sobremesa se alargue sin mirar el reloj. Esos días tienen algo especial que se activa con facilidad, porque incluso tienen aroma y sabor propio. Y si hay un plato que resume todo eso, es el pollo a l’ast. Muy nuestro, muy de casa, muy de mesa compartida. Ahora que llega el buen tiempo, vuelve a apetecer juntarse y reconciliarse con los domingos a base de planes y buen comer. Y no, en esos días que apuntan a prolongarse más de la cuenta encender los fogones no es una opción. Aquí manda un clásico sin discusión.


Un twist al ritual de siempre
En los días que apetece disfrutar de lo bueno de siempre, es donde entra APLUMA, uno de los asadores de referencia en Barcelona, que recupera la esencia más auténtica del pollo a l’ast. La sirve sin artificios, como se ha hecho toda la vida y con ese punto especial que tiene este gesto tan clásico. APLUMA eleva la experiencia sin traicionar ese ADN: calidad, sabor, producto de proximidad y una propuesta accesible para quienes saben que, cuando no apetece cocinar, bajar a la rostisseria de confianza es casi más tradicional que ponerse el delantal. Tienen dos locales en la ciudad, en Santaló y en Gran de Gràcia, pero el plan no acaba ahí. También puedes reservar para recoger y montar una comilona en casa de altura o tirar de delivery si surge un plan improvisado y quieres salir de lo obvio sin moverte.
Croquetas, ensaladilla rusa y canelones conviven con pollo frito, tiras crujientes y hamburguesas. Una carta que funciona igual de bien para montar una comida familiar de altura como para pedir una buena girl dinner un sábado noche. A esto se suma ahora una colaboración con Specials, la marca de especias de Arnau París, que amplía el imaginario del pollo frito con nuevas versiones internacionales: una árabe con especias de Oriente Medio y salsa tahini, una americana más picante con achiote y chipotle, y la asiática, ya presente en carta, con especias japonesas, alga nori, jengibre y mayonesa de kimchi y lima. Tradición, sí; ganas de jugar, también.

Lo que le pides a una rostisseria (y algo más)
APLUMA tiene todo lo que le pedimos a una rostisseria de toda la vida: una carta reconocible, producto de calidad, saber hacer y ese punto de confort inmediato que tiene un buen pollo a l’ast con patatas y alioli. Pero lo hace desde un proyecto actual y bien pensado. Aquí conviven la autenticidad y el criterio, con una mirada contemporánea que se nota tanto en la selección de la materia prima como en la forma de ampliar el imaginario del pollo. El pollastre groc català, el tomate rosa del Maresme y una cocina honesta son la base. Pero la cosa no queda ahí. Más allá del clásico, la carta se abre a otras versiones que trasladan la magia de la rostisseria a nuevos momentos y planes.


Un sitio al que recurrir cuando apetece comer bien sin complicarse para disfrutar del pollo en todas sus versiones, que se confirma como una de estas apuestas seguras que funcionan siempre. Ficha esta opción que garantiza que cualquier plan salga bien.
