Las nuevas temporadas traen consigo nuevas aperturas y aunque la de Caradura fue hacia varias semanas, no le resta ni un ápice de atracción para un público con ganas de salir, entrar y bichear. Te vienes a probarlo, ¿no?
Porque si disfrutaste de garitos como Biri Biri, Poyo Club o Gurisa, este nuevo bistró de Chamberí te resuelve la papeleta si lo que andas buscando es un punto de encuentro tan magnético como totalmente minimalista y ecléctico.
Sí, un Caradura que se va adaptando a la hora del día para exhibir su grado de descaro y que parte de una estética totalmente cinematográfico para atraparte en sus redes y soltarte cuando quiera.
Un bistró creado por el argentino Tomás Prodel, con Ralph Rebeyrol a los fuegos, que de una manera desvergonzada y sin etiquetas responde a la llamada de una clientela que sabe lo que quiere.

Tanto si eres de brunch como si lo tuyo es compartir (y departir) entre buenos vinos (argentinos principalmente, claro), Caradura es tu nuevo estado.
Un Caradura que se desenvuelve a la perfección entre cócteles, vinos, una banda sonora que suena la mar de bien (los altavoces japoneses de los 80 ponen lo suyo) y una carta internacional con hincapié argentino sin ninguna pretensión.
De este modo, platos como su tartar de fuet con yema curada, el French Dispatch a base de roast beef, su delicioso Bubba Shrimp Roll con mayonesa cítrica y emulsión de aguacate, sus puerros confitados con salsa holandesa y avellanas, el Matrimonio Parfait o la ya clásica unión de empanadas de carne y de jamón y queso, por la que tanto pecho sacan, para adelantarse a unos panqueques de dulce de leche que te dejan mirando a Argentina porque así lo merecen.
¿Algo más? Sí, que no vas a ser capaz de dejar nada en el plato.