Tanto si te apetece dar un pequeño descanso a las tendencias como marcadoras del camino a seguir como si lo tuyo es dar con ese bonito lugar cargado de autenticidad gastronómica, creo que en El 5 de Tirso encontrarás tu mejor parada. ¿Te digo por qué?
Pues, sencillamente, porque en El 5 de Tirso se alejan totalmente de lo que marca el momento porque lo suyo es la tradición, que no pasa de moda. Una tasca tan pimpante como las de antes, que no saca pecho por liderar ni una de las tendencias del ahora, porque lo suyo es seguir despachando buenos platos a una clientela que vuelve porque le tratan diferente.
Y es que la fidelidad para con esos paladares que regresan es el orgullo de este restaurante de comida de siempre tras los que descubrimos el asesoramiento del chef Sergio Fernández. Un local que entre mármol, maderas de castaño y un trato como de otra época se empeña en que valoremos lo intrínseco de un bar, de una tasca, como algo excelente (lo es), como algo a aplaudir entre tanta falta de originalidad.
El 5 de Tirso triunfa porque se las apuesta a platos de toda la vida, pero con esa vuelta que a nadie más se le ha ocurrido
Algo que no falta en El 5 de Tirso, donde ya sea en su barra, en sus mesas altas o en su íntimo comedor (tras una dramática cortina de lo más teatral) nos inducen a disfrutar del momento entre opciones culinarias que valen la pena.
Un punto donde encontrarse con amigos, familia o ese rollo al que querer dejar ojiplático entre tapas, raciones y una carta líquida muy bien plantá’. Porque si cada rincón invita al disfrute en su más alta exaltación, platos como sus bravas hojaldradas, tortilla de camarones, chipironcitos a la parrilla, cremosa ensaladilla rusa, gambones al ajillo, croquetas de jamón ibérico, chuletón o chipirón, pulpo a la parrilla con revolconas, rabas de calamar o chistorra de Arbizu, torreznos, dados de pollo al ajillo, costilla de ternera asada a baja temperatura, pluma al carbón con chimichurri de piña, migas del pastos con su huevo poché o su espectacular carrillera de cerdo al vino tinto te harán plantearte una segunda vuelta aunque solo sea para beberte una cerveza bien fresquita (y tirada) acompañada de unas gildas y unos boquerones en vinagre. Volverás a caer.