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Ariana Díaz Celma

En una ciudad que parece vivir de aperturas constantes y conceptos importados, Mìzzica aterriza en Enric Granados con algo que —por raro que parezca— no teníamos: una oda sin fisuras a la cocina y cultura sicilianas. No al Mediterráneo genérico ni al cliché italo, sino a la Sicilia concreta y emocional de Nuncio Cona, chef nacido en Palermo que en Barcelona ha decidido mintar un restaurante que es, a la vez, un álbum de recuerdos y una salumería con barra non-stop. En siciliano, el nombre de este restaurante puede significar muchas cosas —sorpresa, alegría, enfado o simplemente un “¡ostras!” bien colocado—. Aquí, lo que significa es que hay un nuevo lugar en Barcelona donde la cocina siciliana no solo se respeta, sino que se celebra.

Mizzica es un restaurante y, a la vez, un álbum de recuerdos y una salumería no-stop

El resultado es un espacio con acento marcado, que se siente como un viaje entre Palermo y Barcelona con escala en casa de su abuela. O en el mercado. O en una trattoria sin prisas ni postureo. Mìzzica no busca inventar nada: lo que hace es recuperar —con mimo y bastante carácter— la comida de su infancia, el diseño artesanal y esa forma de hospitalidad siciliana que abraza sin asfixiar. Todo ello en un espacio colorido, que nos lleva a la tradición desde la modernidad.

La entrada al local ya marca tono: una salumería luminosa y colorida donde se pueden pedir embutidos, quesos y pane cunzato (bocadillo con anchoas de Aspra y primo sale) a cualquier hora. Todo muy fácil, muy bien ejecutado y con ese punto informal que lo convierte en opción de vermut, tardeo o merienda salada con copa de vino.

La entrada a Mizzica la da una salumería luminosa y colorida que sirve embutidos y bocadillos de anchoas

Si decides quedarte a comer, el interior te recibe con techos altos, mesas bien separadas y una decoración que no deja lugar a dudas: Sicilia está en cada rincón. Desde los vasos traídos de la isla hasta las ilustraciones de limones, negronis y mar que cuelgan de las paredes. Incluso el baño tiene su minuto de gloria gracias a un mural de la trinacria, ese símbolo siciliano con cabeza de mujer y tres piernas entrelazadas que parece sacado de un mito griego y un carnaval a partes iguales.

El local ha sido diseñado junto al estudio Genialidades, y eso se nota en los detalles. El más curioso (y uno de los más fotogénicos): un diccionario gastronómico propio que descansa en algunas mesas y da nombre al restaurante.

La carta no es larga, pero sí contundente. Abre con un apartado de street food palermitano que funciona como prólogo callejero a todo lo que viene después. Aquí brillan las panelle (una especie de tortilla crujiente de harina de garbanzo), las crocché de patata con menta, y cómo no, la arancina con ragú de carne —y no arancino, porque aquí se respetan las normas de Palermo, no de Catania—.

La carta es un viaje por Palermo, que va de sus calles y street food a las trattorias con más historia

Luego vienen los platos para compartir, donde conviven clásicos bien entendidos como la parmigiana, la caponata y una tabla de embutidos sicilianos que no se anda con rodeos: mortadela de cerdo negro, coppa, provola del Casale y una focaccia de masa propia que pide ser mojada en todo.

Pero donde Mìzzica despliega su poderío es en las pastas, elaboradas con sémola siciliana biológica y trefiladas al bronce. Su rigatoni alla norma con berenjena frita y ricotta salada cumple con todo lo que se espera del plato, pero es el timballo di anelletti alla palermitana —una pasta al horno compacta, intensa, de las que se comen con cuchillo— y la pasta con le sarde lo que merece mención especial. Esta última, una joya con sardinas frescas, hinojo silvestre y muddica atturrata (pan rallado tostado con anchoa), es posiblemente uno de los bocados más complejos y redondos que se puedan tomar en la ciudad en materia de pasta.

Entre los postres, nos quedamos con el tiramisú, hecho al momento y con galleta sin gluten, equilibra intensidad y textura sin caer en lo empalagoso; aunque el cannolo relleno de ricotta es también obligatorio, por textura, por sabor y por justicia histórica.

La carta líquida también habla siciliano. El sumiller Xavi Nolla ha diseñado una selección de más de 30 vinos de la isla —algunos difíciles de encontrar incluso allí—, con uvas volcánicas, blancos minerales y tintos ligeros que acompañan de maravilla la carta. ¿No sabes qué pedir? La carta es digital y permite filtrar por variedad, bodega o precio.

Detrás de Mìzzica está Nuncio Cona, con una larga trayectoria en hostelería

Detrás de Mìzzica está Nuncio Cona, que no es nuevo en esto. Viajó desde Palermo hasta Barcelona en vespa y abrió Tapas 2254 y la ya mencionada Gelateria Da Gallo. En 2020 publicó su libro 2254 km, donde explicaba que su cocina es, literalmente, un viaje. Aquí, en su proyecto más personal, lo deja todo claro sin decirlo: esta no es una versión creativa de Sicilia, es Sicilia tal como la recuerda.

Comer o cenar en Mizzica cuesta a partir de 25/30€.

Detalles




  • Dirección: C/ Enric Granados, 9
  • Horario: L-J 12:30-00:00 ı V-S 12:30-00:30 ı D 12:30-00:00
  • Teléfono: (+34) 93 365 88 46
  • Tipo: Restaurant
  • Web: http://www.mizzica.es