En Oddity Brewing parten de algo muy simple y muy nuestro: unas birras entre colegas. Ese gesto repetido mil veces que acaba siendo el telón de fondo de algunos de los mejores recuerdos compartidos. Proyecto made in Barcelona, pequeño y con mirada muy clara, donde Vicky e Ivan entienden la cerveza como acto colectivo y usan ese punto de encuentro para abrir la puerta al arte. Aquí lo visual, los matices, los aromas y el sabor están pensados como una misma conversación.
Todo lo bueno de dentro se viste con gusto por fuera
La historia empieza, literalmente, en una cocina. Domingos de cocción, olor a mosto y un molinillo manual acoplado a un taladro para poder triturar grano. Ivan venía de restaurantes gastronómicos y del circuito craft europeo antes de que, en 2020, Oddity tomase forma en plena tormenta mundial. Desde entonces, su catálogo se mueve entre lupuladas con notas cítricas y resinosas que entran fáciles, oscuras tostadas con recuerdos a café y cacao que se beben sin prisa y sours afiladas que despiertan el paladar. Referencias como Go on Fool o There There (sí, la música también tiene su lugar en este proyecto) son una delicia para quienes buscan algo más que “una cerveza”. No es casual que haya fieles entre su público, y es que acciones como collabs o ediciones limitadas mantienen el factor sorpresa siempre en marcha.


El nombre no es casual. Oddity habla de lo que se sale de lo común (y sí, el guiño a Bowie está ahí) y define bien el proyecto: hacer diferente algo tan cotidiano como abrir una lata. Porque aquí cada birra es, literalmente, un lienzo pero de hojalata. Artistas locales y emergentes como Txemy, Kim Van Vuuren, Bea Salas, Lola Nankin o Guajirobampo reinterpretan visualmente lo que pasa dentro con universos gráficos propios, colores potentes y composiciones que convierten la nevera en una pequeña galería improvisada.


Hacer de lo de siempre toda una experiencia
Al final, lo que mola de Oddity no es solo la cuestión artesanal, que se traduce en calidad, profundidad y riesgo, sino su visión en el más amplio de los sentidos (nunca mejor dicho). Esa manera de entender que a veces no hace falta reinventar nada, sino reconfigurar lo de siempre con mirada propia e identidad. Una birra fría, colegas, algo bonito que apreciar y un pequeño lujo en forma de momento hedonista que no quieres que acabe. Y, casi sin querer, lo cotidiano se convierte en experiencia.

