Cuando baja la temperatura, sube el apetito por lo auténtico. El frío afina el antojo y nos devuelve a lo esencial: platos que humean, recetas de siempre y rituales que reconfortan. Este invierno, Barcelona se presta a jugar en casa y de una manera realmente apetecible: caldos que abrigan de verdad, una calçotada sin salir de la ciudad y un clásico dominguero reinterpretado con ingenio. Tres paradas gastronómicas para abrazar la temporada como se merece, reivindicar los buenos planes incluso en invierno y vencer el frío de la mejor manera: comiendo. Foto destacada: Casa Pepi
Caldos que reviven el espíritu:
Cuando el frío aprieta, el cuerpo pide cuchara. Caldos largos tras un chup-chup paciente que resultan en platos que reconfortan más allá del hambre. Enero es indiscutiblemente territorio de caldo: de los que abrigan desde dentro, te devuelven el pulso y convierten una comida en un pequeño acto de autocuidado. Esta temporada, en Barcelona, hay dos direcciones claras para entregarse a ese ritual invernal, cada una con su propio acento pero un mismo objetivo: comer bien y salir mejor de lo que entraste.
Molino de Pez mira a Madrid y recupera uno de esos platos que no admite atajos. Cada jueves vuelve su cocido madrileño, servido en tres vuelcos y con todo lo que debe tener: sopa de fideos bien profunda, garbanzos y verduras en su punto, y un desfile final de carnes donde conviven morcilla, chorizo, panceta… y algún guiño muy local como la pilota o la butifarra blanca. Tradición castiza pasada por el filtro de Barcelona, con producto impecable y ese savoir faire que Familia La Ancha lleva décadas afinando. No es solo un plato, es una experiencia completa, de mesa larga y ritmo lento, por 38 € que se amortizan cucharada a cucharada.

Reversible, en cambio, se queda en casa y reivindica uno de los grandes pilares del recetario catalán: la escudella i carn d’olla. Cada miércoles al mediodía, el restaurante se entrega por completo a este clásico con un menú monográfico que no necesita más adornos. Caldo intenso con galets, seguido de la carn d’olla servida como manda la tradición; verduras, legumbres y carnes por separado, y remate con crema catalana. Todo por 24 €, en un ejercicio de cocina honesta que invita a bajar revoluciones y recordar por qué estos platos han sobrevivido generación tras generación. En pleno invierno en la ciudad, pocas cosas se sienten tan bien como esto.

Una calçotada sin salir de la ciudad:
Seguro que el inicio de la temporada de calçots no te ha pasado desapercibido. Llega ese momento del año en el que el frío se combate alrededor de una mesa, con babero puesto y las manos manchadas de romesco. Un ritual colectivo que funciona como excusa perfecta para reencontrarse y alargar sobremesas. Si la idea de organizar una escapada a una masía o merendero te da más pereza que ilusión, hay buenas noticias: este clásico también se puede disfrutar sin salir de la ciudad y sin renunciar a nada.
Casa Pepi se suma a la temporada con su primer Menú Calçotada, disponible desde el 24 de enero hasta finales de febrero, solo fines de semana a mediodía. La propuesta se centra en lo fundamental y no puede estar mejor resuelta: calçots a la brasa con romesco como protagonistas, seguidos de parrillada de cordero, butifarra y morcilla negra, escalivada, pan con tomate y alioli. Vamos, todo lo que no puede faltar. El menú se sirve con ese punto festivo y sin solemnidad que define al local, donde la tradición se vive con la honestidad que le es propia y esas ganas de pasarlo bien que no pueden faltar.
El cierre llega como manda el canon: crema catalana. Y no es el único must que viene incluido; el vino con gaseosa y hasta el babero acaban de redondear la experiencia. Todo por 28 €, en un entorno que mezcla la esencia de casa de comidas de toda la vida con el imaginario kitsch tan propio de Casa Pepi. Una calçotada en El Clot, cómoda y auténtica que demuestra que no hace falta salir de Barcelona para celebrar uno de los rituales gastronómicos más queridos y esperados del año.

El clásico pollo a l’ast de los domingos con un twist:
En esta época del año los domingos son más domingos que nunca. El cuerpo va un poco más lento, la pereza aprieta y encender el fuego en casa directamente no entra en los planes. En estos días hay un plato que manda sin discusión: el pollo a l’ast. Un ritual muy nuestro, de los que saben a casa y a mesa compartida. Si te apetece darle una vuelta sin traicionar su esencia, esta reinterpretación tiene todos los números para convertirse en tu nuevo plan fijo de domingo.
En Los Tortíllez han cogido ese clásico dominguero y lo han llevado a su terreno con la Calimero Tortíllez, una tortilla de pollo a l’ast hecha con pollo asado en leña, bien desmigado, jugoso y ligado con huevo como solo ellos saben hacerlo. Se sirve con alioli y es exactamente lo que imaginas (y un poco más): suculenta, adictiva y pensada para compartir… o no.
El resultado es exactamente lo que promete: reconfortante, intensa y difícil de dejar a medias, porque captura la esencia de una comfort food de finde como debe ser. Disponible desde el pasado domingo, solo los domingos y solo en el local de Manso (C/ Manso, 50), hasta fin de existencias. Y no es la única: otros hits de nuestra cocina de siempre también pasan por la sartén en forma de tortilla; calçots con romesco, cap i pota… confirmando que, en invierno, esta es una de las mejores maneras de rendir culto a los clásicos sin quedarse en lo de siempre.

