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Makoto Madrid, segundas partes pueden ser demasiado buenas

Makoto Madrid, segundas partes pueden ser demasiado buenas

Aunque muchos puedan creer que la cocina japo es una gastronomía sencilla con recetas tan antiguas como el hilo negro, algo de razón no les falta. Pero solo en lo que concierne a lo antiguo de sus recetas. Y es que si alguna vez has tenido el interés de preguntar sobre las muy variadas técnicas japoneses y sus múltiples disposiciones, te habrás dado cuenta de que más allá de arroces, mariscos, pescados, carnes y pastas varias se encuentra una particular mística culinaria, tan milenaria como las propias dinastías del  «País del Sol Naciente». Toca dejarse caer por Makoto Madrid.

Si el nombre te sonaba, es normal. Tu paladar gastronómico refinado sabía ya del Makoto Miami (en el selecto barrio de Bal Harbour), casa madre desde donde el chef Makoto Okuwa puso en práctica lo aprendido en Japón junto al maestro Shinichi Takegasa, figura indiscutible donde las haya.

Por eso, es inercia lo que te hace dirigirte hacia su sede en Madrid, que adapta algunos de los conceptos más característicos de la fusión asiática con la que Okuwa lleva alimentando y revolucionando Norteamérica y con la que, ahora, pretende colonizarnos sin remedio.

Madrid cae rendida ante el talentazo del chef Makoto Okuwa que sabe cómo introducir la cocina japonesa en el siglo XXI en este, su primer restaurante japo en Europa

Así, de entre las especialidades de Makoto Madrid, descubrimos con pleno gustazo cómo sus uramakis, hosomakis o sashimis nos saben totalmente diferentes a lo que hubiéramos probado en cualquier japo que se precie. Una especie de hilo conductor que alinea toda una carta diseñada para no ser convencional y provocar una respuesta clara y directa en lxs entregadxs comensales.

Un local de casi 500 metros cuadrados, diseñado por Manuel Clavel y emplazado en uno de los bajos del recién reabierto Hotel Villa Magna, que desde su apertura se ha convertido en el particular reclamo de la gente con dinero para gastar y de curiosos que saben darse buenos caprichos.

Una clientela que se lanza a una sobre platos como su gyozas de wagyu, tempura de langostinos tigre o bonito y pimientos de padrón, alitas de pollo o berenjenas hechas en robata, brochetas de pollo y cebolleta, lubina o merluza negra con wasabi o kale crujiente, arroces o noodles tan carnívoros (¡ojo con los fideos yaki con ternera asada!) como indicados para paladares vegetarianos o ese cangrejo horneado con papel de soya y deliciosa sopa miso, que siempre entra bien como principio o como fin.

¿De postre? Un paseo, pues aunque se intentó… nuestra cartera no dio para más. ¡Pero qué festín! ¡Qué festín de postín, tía! Recomendable para celebrar y/o darse un homenaje.