Con este cambio de tiempo, que estamos sufriendo hasta el tuétano, lo que más apetece es volver a esos fuegos que nos dan calor y donde encontramos sabores que sacan un partido brutal a cualquier producto que se ponga por medio. ¿Conoces Brazza?
Pues de no conocerlo, aún, deberías ir poniendo rumbo a este local situado en el número 7 de la muy chic calle Orfila donde se enorgullecen de haber formado una clientela fiel que vuelve en un no parar.
Porque si cualquier chino o mexicano, de esos bien bueno, pueden llegar a crear adicción, Brazza hace lo mismo creándonos una necesidad que nos hace repetir porque a brasas pocos le ganan.
El verdadero templo de las carnes argentinas se encuentra en Brazza, y no se hable más
Así, Franco (y su hijo Donato) se ponen al frente de un Brazza que, antes de nada, tiene tremendas materias primas listas para ese fuegote que las cocina para que den lo mejor de ellas.
Una carta justa (sin artificios ni listas imposibles), mucho sabor y unas brasas que no bajan el ritmo en un Chamberí que cae rendido a esa fusión entre tradición y modernidad.
Un lugar por el que dejarse caer si te gustan las empanadas de carne, las mollejas, alcachofas o trigueros a la brazza, la entraña o el tomahawk (a gusto de tu piquito), la milanesa de carne, el boniato a la chapa quemado y una selección de vinos que harían las delicias del más refinado de los expertos en caldos o de esa amiga tuya que se conoce todas las referencias de las bodegas a la redonda. En fin, una maravilla.
¿Te falta un postrecito? Pídete sus panqueques de dulce de leche o la pavlova con frutos rojos y fresas de temporada, que pondrán el merengue a una sobremesa que, seguramente, se alargue.