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Por fin cumplimos un cometido, descubrir La Distancia. Un film inquietántemente sarcástico de uno de los cerebros más vanguardistas de nuestros días, Sergio Caballero. El alma máter del Sónar -Advanced Music Festival-, en su versión más polifacética e inquieta, se revela como un cineasta muy necesario en estas latitudes, donde a veces hace falta más experimentación y locura, y menos realismo social. Un cineasta que bebe de grandes y ejemplares maestros como Tarkovski, que se planteaba no sólo una cuestión brutalmente arrolladora en términos estéticos, sino también una reflexión muy personal y peculiar sobre grandes cuestiones metafísicas. Léase un quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos y, yo añadiría, qué hacemos aquí.

La Distancia nos acogen tres enanos con poderes sobrenaturales, en un recóndito e increíble lugar inventado de la estepa Siberiana.

Tras una extraordinaria ópera prima con dos fantasmas como protagonistas, Finisterrae, en La Distancia nos acogen tres enanos con poderes sobrenaturales, en un recóndito e increíble lugar inventado de la estepa Siberiana. Allí, en esa supuesta Rusia profunda, viviremos una especie de thriller tragicómico, un film de espías, en el cual lo más anecdótico reside en la propia narrativa, pero que, sorprendentemente, se lleva al espectador a un mundo escenificado, donde la realidad es al revés, y la naturaleza humana, en su sentido más salvaje y crudo, se desvela sin piedad.

Un film de obligatorio visionado si queréis entender qué significa la distancia en la lenguaje de Caballero.