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Raquel Bueno

Humilde por naturaleza, Martina Matencio (@lalovenenoso) no es muy de exposiciones, ni de poses sociales, ni de ser el centro de atención. Esta ocasión, sin embargo, es especial. La coge de la mano su amiga Mireia Ruiz (@mireiaysuscosas), y la ilusión es mucha. La exposición Infinita Mujer, comisariada por Artig Gallery, recoge toda la fuerza femenina de la obra de ambas artistas y se podrá visitar en Cocolia Creative Studio los días 3, 4 y 5 de julio. F: Todas las imágenes cortesía de Martina Matencio

Me reúno con Martina un jueves por la mañana en su hogar y estudio de Poblenou, tan estético como parece en su feed de Instagram, la plataforma que la ha dado a conocer al mundo. Existe una especie de melancolía en su voz, una tristeza casi imperceptible que acaba traspasado a todas sus fotos; una feminidad intrínseca que se cuela en cada fotograma. Aunque ella no fuerza nada: fotografía para vivir porque ese es, en realidad, su oxígeno. 

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Sabrina.

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Mi equilibrio en la vida es hacer fotos. A veces, ni me doy cuenta de que lo que estoy haciendo es trabajar

Nos han contado mil veces quién eres. Cuéntanoslo tú: ¿quién es Martina Matencio? Soy una chica joven, soy fotógrafa y me dedico obviamente a hacer fotos. Llevo haciendo fotos desde los 16 años, y siento que mi trabajo es mi manera de vivir; mi equilibrio en la vida es hacer fotos. No es que toda yo me sienta una foto (risas) pero, a veces, ni me doy cuenta de que lo que estoy haciendo es trabajar. Martina Matencio es una persona muy trabajadora. Me paso el día haciendo fotos, soy constante y… Me gusta leer poesía. 

¿Recuerdas cuándo tomaste tu primera fotografía? Mi primera fotografía sí, pero no mi primer shooting como trabajo. Me acuerdo de que fui con mi familia a Cuba y mi padre tenía una cámara analógica, y empecé a hacer fotos. No recuerdo la primera toma en si, pero sí los momentos. Y nada, luego me vine aquí, las revelé y me habían salido todas blancas. Y me dije “vale, aunque lo he hecho muy mal, creo que tengo que dedicarme a esto”. 

¿Cómo han evolucionado tus imágenes desde entonces? Mucho, siento que mi fotografía evoluciona en la medida en que evoluciono yo. Ahora voy entendiendo más lo que hago y por qué lo hago; siento que cada foto me acaba construyendo a mí. Son como historias sin un final determinado, cada uno ve la foto y al final puede ver lo que quiera. Y esos pedazos acaban construyendome a mí. 

¿Tres palabras que describan tu trabajo? Luz, presente y… Tristeza. 

¿Un referente? No, pero el otro día fui a una exposición a la que me invitó la Fundació Vila Casas de un fotógrafo que creo que se llama Horvat (Frank Horvat), y es la primera vez en la vida –tengo 29 años– que he visto a un fotógrafo y he pensado “uau”. Nunca me pasa. Hay muchos fotógrafos a los que admiro, miro mucho Instagram, creo que hay gente que hace cosas maravillosas. Pero nunca había conectado tanto con una persona en este sentido. Sentí que hacía mucho lo que hago yo; que es, al final, mi proceso de trabajo: trabajo mucho en el momento, in situ, con lo que me inspira… Y él era igual. Decía: “Todo lo que me preparo al final sale mal”. La super recomiendo. 

Casi siempre fotografías a mujeres. Sí, siempre. 

¿Por qué? Mi medio es Instagram, las marcas ven que hago mujeres y entonces me sale una campaña en la cual no hay hombres, porque es ropa de mujer. Una cosa lleva a la otra. Me siento más cómoda fotografiando a mujeres, porque siento que el hombre al final (en caso de que sea modelo) siempre se siente más cohibido y siente vergüenza al hacer según que poses, porque parece no se qué. Creo que la mujer ve la belleza de otra manera, que ellas creen que yo la veo de esa manera… Y todo surge más fácil. Y me gusta más el cuerpo de la mujer. 

No me gusta mostrar a la gente sonriendo, es forzado. Si quieres sonríe y si no, no

En una entrevista anterior hablabas sobre lo mucho que te costó llegarte a querer a ti misma, no solo físicamente, sino en todos los sentidos. ¿Cómo lo has conseguido? Creo que eso viene ya desde muy pequeña: cómo te educan, cómo es tu madre contigo, qué relación tienes con tu cuerpo… Al final lo que he hecho es aceptarme. Para empezar, no compararme. Ni laboralmente ni en nada. Quererte, porque no te queda otra cosa. Al final eres tú y tienes que vivir. Mi padre siempre me ha enseñado que en la vida se trabaja y se vive. Es lo normal: vivir, trabajar, ganar dinero. Es como… ¿Qué tengo que hacer para llegar a la panadería? Andar. Pues ando. He ido viviendo y al final he encontrado mi paz interior.

Mencionabas también que se te da muy bien entender a las personas. ¿Crees que puede que sea eso lo que hace que tu fotografía sea tan especial, la empatía? Creo que sí, realmente sí. Cuando estoy trabajando siento que puedo sentir a las personas, entenderlas de alguna manera. Obviamente muchas son modelos y, si es un trabajo, a veces vienen de lugares donde no hablan ni español ni inglés. Pero no sé, casi siempre tengo una especie de conexión y empatizo muy rápido con la gente. De hecho creo que es un problema, que a veces tengo que no empatizar tanto. 

¿Crees que en el arte la tristeza es constructiva? Sí. Es constructiva tanto la tristeza como la alegría. Es lo que decía antes del fotógrafo que fui a ver a la exposición. Se llamaba Please don’t smile. Y (a Horvat) le preguntaban: “¿Por qué no quieres que sonrían?”. Y él decía: “No es que no quiera. Es que, a veces, no sonreír también es una forma de transmitir”. No tienes por qué siempre sonreír en una fotografía. Decía: “Yo veo el alma de las personas sin que sonrían”. A mí no me gusta mostrar a la gente sonriendo. Mira, me acabo de dar cuenta de una cosa. Un enfermo sonriendo me gusta, porque al final está enfermo. Pero una persona a la que le obligas a sonreír para la foto, es forzado. Si quieres sonríe y si no, no. 

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ven, que vengo.

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Ya sabemos que la belleza reside en los ojos del que mira, ¿qué es para ti? La belleza puede serlo todo. Me voy a ir un poco por otro camino pero, me doy cuenta de que yo a veces veo una foto en un lugar, con una luz, y le digo a mis amigas “bua, ¿no habéis visto esto?”, y no lo ven. Y son fotógrafas. Y eso no quiere decir que yo tenga una mejor mirada, pero me sorprende que no vean bello eso. Es como, no puede ser. Yo me fijo mucho en los detalles y en las composiciones, hasta me pongo nerviosa. Creo que tenemos muchas cosas bellas a compartir en el mundo, aunque acabemos viendo siempre lo negativo.

¿Cómo es tu proceso creativo? Todo depende de si trabajo con un cliente o no. Pero soy bastante de fluir; cuanto más me preparo las cosas peor me salen. Nunca he hecho un trabajo que no me haya gustado. Cuando estoy con la cámara siempre saco algo; aunque sea un espacio, un momento, una mano. Aprovecho siempre cualquier cosa. Para mí es importante que la modelo se sienta cómoda, tranquila… Y también soy mucho de tener materiales, de jugar con cosas, y al final voy construyendo algo. 

Si tuvieras que quedarte con una sola fotografía, de todas las que has hecho hasta ahora, ¿cuál sería? Pues, lo sé. Creo que me quedaría con una que era en rojo, de dos caras en un espejo. No sé por qué me gusta tanto esa foto. Realmente es un espejo, pero me parecen dos personas distintas. Y me encanta. Me la pondría en grande, y mira que no soy mucho de tener mis fotos ahí colgadas.

Yo en mi vida he hecho un rodaje. Para mí es como si ahora me dicen que me vaya a… Yo que sé, llevar un barco

¿Te has planteado alguna vez lanzarte al mundo del cine? Sí, pero lo veo una escalera alta. Que al final es ponerme, pero ahora vivo un poco en el confort. Me contactó una productora de Chile que está haciendo 8 episodios sobre mujeres maltratadas de diferentes países; los van a comprar o HBO o Netflix. Y quieren que yo sea directora de fotografía de uno de los documentales. Pero claro, yo en mi vida he hecho un rodaje. Para mí es como si ahora me dicen que me vaya a… Yo que sé, llevar un barco. Conozco el mar y tal, pero no sé si voy a saber llevarlo. Al final quieren mi ojo, no voy a dirigir, pero es muy fuerte. Es el trabajo más grande que he hecho. Si sale, lo haré seguro. No lo pienso mucho. Cuando me sale algo, voy. ¿Tengo miedo? Pues sí. ¿Pero y qué?

¿Qué consejo le darías a alguien que sueñe con ser fotógrafo? Al final los sueños, sueños son. Si quieres ser fotógrafa, hazlo. Yo no nací queriendo ser fotógrafa. Me considero una tía muy constante, muy trabajadora, y el otro día mirando mis discos duros me di cuenta y me dije “¿pero cuántas fotos he hecho en la vida?”. Y lo que pringas. Porque al principio, tú lo sabes, tienes que currar gratis, hacer favores… Pero es así. Tómatelo con calma, sé constante, no pares. Y oye, no te bloquees. Quizás no es lo tuyo, y no pasa nada. ¿Es cierto que te lo digo sabiendo que esto es lo mío y que me va bien? Sí. ¿Es cierto que nunca he tenido una crisis de lo que quiero ser y lo que no? Sí. Pero tengo otras cosas. Creo que todos hemos venido al mundo a hacer algo. A una misión. No estamos aquí de casualidad y nada es casualidad. Unos se van antes y otros se van después, unos barren y otros pintan. 

¿Y cuál crees que es tu misión? Compartir mi belleza, lo que hago y lo que genero. Mucha gente me escribe y me cuenta lo que le transmiten mis fotos. Y me sorprende. La gente me dice que ve la belleza entre todo lo malo y pienso “claro, es que es tan simple como retratarla y enseñarla”. Pero bueno, en eso de hacer fotos y querer mostrarlas también hay algo de ego. De que la gente te diga “¡qué bonitas son tus fotos!”. De alguna manera intento ayudarme a mí misma y a los demás con lo que hago; quizás mi misión sea esa. 

¿Es una especie de terapia? Para mí seguro, es como mi oxígeno. Me costaría mucho vivir sin hacer fotos. Creo que me entra ansiedad solo de pensarlo (risas).

¿Algún proyecto futuro que tengas en mente y nos puedas contar? Tengo en mente hacer una cosa que no sé si voy a hacer, es más documental. Me gustaría ir a un hospital de niños con cáncer y entrar en ese filo. Poder documentar un poco eso, lo que hice con mi padre. Es cierto que mi padre es mi padre y bueno, con los niños hay familias y es todo un proceso muy duro. No sé si voy a poder gestionarlo bien. Pero quiero captar los momentos alegres de los niños que están mal. Ayer lo hablaba con mi hermana porque quiero hablar con el hospital, pero no sé si lo haré. Tengo que pensar si realmente soy capaz de hacerlo. No quiero hacerlo para que la gente vea esas fotos y diga “ay, la Martina, qué mona”. Simplemente, yo lo que sé hacer son fotos. Como no voy a poder hablarles a través de las fotos a ellos, quiero intentar estar allí y hacerles pasar un rato bonito; y de ahí llevarme lo que es la foto. 

¿Empezar a mandar un mensaje distinto con tus fotos? Sí, quizás sí. Ya hice un libro en un hospital de enfermos mentales, fue mi proyecto final de carrera, pero no lo pude publicar porque no tenía los derechos de las madres, otros no tenían padres… Fue complicado. Creo que es uno de los mejores trabajos que he hecho nunca. Porque al final deja de ser moda, ¿no? Es otra cosa.