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Raquel Bueno

Tenemos una buena noticia y otra mala. La buena: Parásitos, la aclamada película del director surcoreano Bong Joon-ho, ha arrasado en la 92ª edición de la gala de los Oscar, que se ha celebrado esta pasada madrugada en el Dolby Theatre de Los Ángeles. De esta forma, el filme pasa a la historia y constituye la primera vez desde el establecimiento de los Premios de la Academia, en 1929, que una película internacional y de habla no inglesa se hace con el premio (aunque algunos esperábamos este hito un año antes, para la Roma de Alfonso Cuarón). F: Bong Joon-ho durante el rodaje de Parásitos. © Photo 12 / Alamy

En pleno 2020, la Academia se posiciona como un actor clave en un sistema que sigue siendo terroríficamente sexista y racista, y sigue perpetuándolo abiertamente

No obstante, y aunque a priori pueda parecer que este año –por fin– la Academia haya abrazado la diversidad en el cine, no podría haber nada más lejos de la verdad. Y aquí vienen las malas noticias: en pleno 2020, la institución se posiciona como un actor clave en un sistema que sigue siendo, para la gran vergüenza de muchos, terroríficamente sexista y racista; y sigue perpetuándolo abiertamente. Ni una sola mujer ha sido nominada al premio a la Mejor Dirección en 2020 –ni en los Oscar ni en ninguna otra de las principales galas de premios del cine en todo el mundo–, un hecho que no debería sorprender a nadie si tenemos en cuenta que tan solo cinco mujeres han sido nominadas a la Mejor Dirección en casi 100 años de historia –Lina Wertmüller, Jane Campion, Sofia Coppola, Kathryn Bigelow y Greta Gerwig–, y solo una se ha hecho con la ansiada estatuilla: Bigelow.

Las mujeres seguimos siendo profundamente ignoradas en la mayoría de espectros de la cultura y a todas aquellas que se atreven a hacer una incursión en el mundo del séptimo arte se les manda un mensaje alto y claro: no son bienvenidas. De hecho, son y seguirán siendo invisibles para una ceremonia de premios que no premia al talento, si no al talento masculino. Pero talento femenino había, y mucho. Lulu Wang (The Farewell), Marielle Heller (A Beautiful Day in the Neighborhood), Alma Har’el (Honey Boy), Céline Sciamma (Portrait de la jeune fille en feu) o Greta Gerwig (Mujercitas) lo representaban este año en su plenitud; y han recibido un bonito homenaje de Natalie Portman.

A las mujeres que se atreven a hacer una incursión en el mundo del séptimo arte se les manda un mensaje alto y claro: no son bienvenidas

Pero la cosa no acaba aquí, ya que la diversidad en la ceremonia de premios de este año también ha brillado por su ausencia. Este año había una única intérprete negra nominada: la actriz británico-nigeriana Cynthia Erivo, en la categoría de Mejor Actriz por su papel en Harriet. Ignorando a su tiempo, de esta forma, las interpretaciones de otros actores alabados por la crítica como Eddie Murphy en Dolemite Is My Name, Lupita Nyong’o en Nosotros, Jamie Foxx en Cuestión de Justicia o Awkwafina, en The Farewell, película por cuyo papel la actriz de origen chino y coreano se llevó un Globo de Oro el pasado 5 de enero.

La reacción a dichas injusticias ha estado a la altura de lo esperado, con una ceremonia altamente política desde el minuto cero. Tómese como ejemplo, sin ir más lejos, la canción que abrió la gala de la mano de Janelle Monáe, que interpretó un tributo musical a Mister Rogers con el refrán “Won’t you be my neighbor? (¿No serás mi vecino?)” ante una audiencia abrumadoramente blanca; o el esperado discurso antirracista y a favor de los derechos LGTB y de los derechos animales de Joaquin Phoenix. “Hablamos de la lucha contra la creencia de que un país, un grupo, una raza, un género o una especie tiene el derecho de dominar, controlar, usar y explotar a otro con impunidad”, subrayó el actor sobriamente.

Sobradamente merecida, la victoria de Parásitos reconoce el mérito de una película con una trama dramática de una inteligencia extraordinaria, así como su simple, pero potente, simbolismo sociopolítico. Fue la máxima ganadora de la noche y se fue a casa con cuatro estatuillas: la de Mejor Película, la de Mejor Dirección, la de Mejor Película Internacional y la de Mejor Guión Original. Aún así, resulta un tanto decepcionante la inesperada derrota de la extraordinaria 1917 y de su director Sam Mendes, que regresó a la carrera de los Oscar veinte años después de ganar el premio a Mejor Director por American Beauty.

La victoria de Parásitos reconoce el mérito de una película con una trama dramática de una inteligencia extraordinaria, así como su simple, pero potente, simbolismo sociopolítico

El drama bélico, una llegada tardía a esta temporada de premios, está inspirado en las historias de la Primera Guerra Mundial del abuelo del director y dedicado al mismo, y destaca por su proeza técnica, grabado con un único plano secuencia. Quedó en segundo puesto, con tres Oscar a sus espaldas: el de Mejor Fotografía para Roger Deakins –merecidísimo–, el de Mejores Efectos Visuales y el de Mejor Mezcla de Sonido. Ambas películas fueron anomalías como contendientes al Oscar a la Mejor Película: ningún actor fue nominado en ninguno de los filmes, algo que suele indicar que el Oscar caerá en manos de otro candidato y que solo había ocurrido antes con excepciones como Slumdog Millionaire.

Dos decepciones más: la brillante Jojo Rabbit, con seis nominaciones, solo se llevó el premio al Mejor Guión adaptado de Taika Waititi (que, si me permitís, se debería haber llevado Gerwig). Y más de lo mismo sucedió con Mujercitas que, también con seis nominaciones, recibió únicamente un Oscar por el impresionante Diseño de Vestuario de Jacqueline Durran. De hecho, los dos dramas centrados en un grupo de personajes femeninos, Mujercitas y El escándalo, recibieron únicamente premios al Mejor Diseño de Vestuario y al de Mejor Maquillaje y Peluquería, respectivamente, a pesar de contar con un total de nueve nominaciones. “Es como si la Academia estuviera tácitamente, incluso inconscientemente, diciéndole al mundo para qué creía que eran buenas esas películas”, subraya Richard Brody en The New Yorker, y no podría estar más de acuerdo.

El irlandés, de Martin Scorsese, era uno de los grandes nominados de la noche con un total de diez nominaciones y se fue a casa con las manos vacías. Con todo, el legendario director recibió un generoso homenaje en el discurso de aceptación de Bong Joon-ho al mejor director, y una sucesiva ovación de la audiencia. Netflix, que contaba con un total de 24 nominaciones además de las diez de la película de Scorsese, salió de la 92ª edición de los Premios de la Academia con tan solo dos estatuillas: la de Mejor Documental por American Factory, de Julia Reichert y Steven Bognar, y la de Mejor Actriz de Reparto por la siempre maravillosa Laura Dern y su papel en Historia de un matrimonio.

El irlandés, de Martin Scorsese, era uno de los grandes nominados de la noche con un total de diez nominaciones y se fue a casa con las manos vacías

Los premios a las mejores actuaciones se sucedieron sin sorpresas: Renée Zellweger se llevó el galardón a la Mejor Actriz Principal por Judy en un admirable retorno a la gran pantalla; Joaquin Phoenix el de Mejor Actor Principal por su soberbia interpretación en Joker; Brad Pitt el de Mejor Actor de Reparto por su delirante papel en la comedia negra de Quentin Tarantino Érase una vez… en Hollywood; y la susodicha Laura Dern el de Mejor Actriz de Reparto por su excelente papel en Historia de un matrimonio.

Hildur Gudnadóttir recogió el Oscar a la Mejor Banda Sonora por Joker, terminando con una racha de 22 años en los que la Academia había reconocido únicamente a compositores masculinos; y Elton John y Bernie Taupin se llevaron el galardón a la Mejor Canción por (I’m Gonna) Love Me Again, parte de la película Rocketman. Toy Story 4 se llevó el galardón a la Mejor Película de Animación desbancando a la delirante producción española Klaus; y Dolor y Gloria se quedó sin estatuilla, al igual que Antonio Banderas.